Los surtidos de galletas

He decidido inaugurar toda una categoría para mi primera entrada en el blog: “Convenciones absurdas”.

Recurramos a la RAE para dar un poco de sentido a lo que pretendo hacer con esta nueva categoría y busquemos la definición para la palabra “convención”, cuya tercera acepción dice:

Norma o práctica admitida tácitamente, que responde a precedentes o a la costumbre.

Dicho esto, en esta sección me dispongo a hablar sobre prácticas admitidas tácitamente en la sociedad, cosas que pasan a nuestro alrededor (o lo que es peor, cosas que nosotros mismos hacemos), por el mero hecho de que siempre se han hecho, a pesar de ser absurdas.

No hay duda, hay visita en casa.

Para inaugurar esta categoría, hablaré de los surtidos de galletas. Lo sé, no es que sea un tema demasiado apasionante, y no es que tenga nada a favor o en contra de este producto. Simplemente es que siempre me ha parecido fascinante la relación de los surtidos de galletas con las visitas.

No hay estudios sobre por qué están tan intrínsecamente relacionados los surtidos de galletas con las visitas (quizás en el departamento de marketing de Cuétara tengan alguno), pero es un hecho que todos, en España, nos hemos encontrado en una de las siguientes situaciones.

  1. Es fin de semana y has de hacer una visita a alguien con quien no tienes demasiada relación. Bien te han invitado, bien la persona a quien vas a visitar se ha comprado un piso, está enferma, ha tenido un hijo, este hijo va a hacer la comunión… Motivos para tener que hacer una visita que te apetece tanto como escalar el Everest descalzo, hay tantos como días tiene el año.El caso es que esta visita te apetece más bien poco y, en cierta medida, te sientes incómodo por el hecho de ir a ver a esta persona que quizás no es ni amiga tuya en Facebook. En algún momento te planteas, ¿qué puedo llevar?
    En ese momento, por algún extraño motivo, los surtidos de galletas (si son Cuétara, mejor) vienen a tu mente.
  2. Te has comprado un piso y lo vas a enseñar a un conocido o un familiar lejano, te han dado recientemente el alta del hospital, has tenido un hijo… o simplemente, tienes una vida social tan pobre que para hacer más llevadero el fin de semana has decidido invitar a alguien a tu casa a quien no ves desde el pleistoceno o con quien, simplemente, no tienes demasiada relación.Llaman a la puerta, abres, y durante los saludos de rigor te das cuenta de que las visitas llevan una caja roja dentro de una bolsa… Algo dentro de tí sabe qué hay dentro de esa bolsa: un surtido de galletas Cuétara.
Posible resultado de visitar a alguien sin llevar el surtido de rigor.

Posible resultado de visitar a alguien sin llevar el surtido de rigor.

Llegados a este punto, la pregunta sería, ¿por qué un surtido de galletas? El abanico de opciones es infinitamente amplio… ¿acaso un surtido de galletas es el mejor regalo del mundo? La respuesta, todos la conocemos, es NO. Entonces… ¿por qué quien va de visita va armado con un surtido de galletas?

  • No quiere ser acusado de gorrón; no se quiere pasar (no hace falta llevar un Cabernet Sauvignon) ni se quiere quedar corto (llevar una bolsa de pipas nunca fué sinónimo de quedar bien).
  • Echando mano de hemeroteca, recuerda las ocasiones en las que estuvo en el otro bando… ¿Qué me trajo fulanito o fulanita cuando vino de visita?
  • Hace el siguiente razonamiento: “voy después de comer, seguro que me ofrecerán café, ¿cuál es el complemento perfecto para el café?”

Sin embargo, todo lo que rodea a esta absurda convención social no es absurdo, no podemos olvidar que cumplen tres funciones:

  • Sirven para romper el hielo.
  • Sirven para saber cuándo se están teniendo demasiadas visitas incómodas, ya sea al mismo tiempo (acumulación de surtidos sin abrir, lo cual sirve para ahorrarse unos euros la próxima vez que el visitado tenga que ir a visitar a alguien) o en diferentes momentos (cuando quien recibe visitas tiene ya claras cuáles son sus preferencias en cuanto a las galletas que hay en el surtido).
  • Sirven como motivo para terminar la visita. Acabado el surtido (o la primera capa del surtido, si la visita es demasiado incómoda), acabada la visita.

Fín del surtido.

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5 responses to “Los surtidos de galletas”

  1. Jose Javier Rios says :

    ¿Podriamos decir que esta convención viene de la época de la postguerra? me explico. Una época en la que las necesidades básicas estaban cubiertas a duras penas (salvando las distancias), época en la que si alguien enfermaba sus allegados y familiares acudian y aportaban solidariamente lo poco que buenamente pudieran, galletas, zumo o productos de su propio cortijo, masia o pazo. Y despues cuétara se hizo con un gran nicho de mercado, jejeje.

    Quizás sea una idea algo romántica del tema. Pero creo que tiene su lógica.

  2. Uol Free says :

    Bien, Juan, como te prometí voy a contarte mis numerosas experiencias con el surtido de galletas Cuétara.
    Desde mi más tierna infancia esta caja de galletas ha acompañado momentos memorables de mi vida:
    -Noche de Reyes, no para las majestades y camellos, sino para los mozos y mozas que venían a cantar por las casas (soy de pueblo, por si no lo sabes) y la caja era obligada junto con bebidas fuertes. Envidiaba yo desde debajo de la mesa tales experiencias, pero cuando tuve edad eso ya no se estilaba (lo de ir por las casas, las galletas… yes, of course!)

    -Primera Comunión, la caja para ir picoteando algo, para el chocolate de la tarde, para entretener a los chiquillos.

    -Bautizos y velorios, tanto monta, monta tanto, que reir y llorar da hambre.

    -Visitas de vecinas cotillas (que papis han puesto la nueva cocina, o salón o lo que sea que crean que hay que ver, que hubo movimiento de camiones de mueblería a la puerta)

    -Piso de estudiantes, vienen colegas, vale, hay cervezas, una botella de whisky barato y ginebra, pero ne el súper coges las galletas de la estantería, ¿para qué, tia? ¡si vienen a colocarse! No sé, es que son visitas…

    -Casa de la abuela. Nena, guapa, estudia mucho y cúidate, coge una galleta, anda, y llévate la caja que yo no puedo tomarlas, por el azúcar, ya sabes. Si, abu, ya me las llevo.

    -¿Llevamos unas pastas? No, mejor las Cuétara. Tú siempre a piñón fijo…
    ayyyy

    En fin, Juan, un clásico el surtido, como las Napolitanas o las Campurrianas (otros clásicos de Cuétara)

    Por cierto, ¿me das permiso para enlazar esta entrada tuya con una mía que saldrá el día 5 de enero a las 23,30h?
    Ya me dices.

    Un abrazo y feliz navidad.

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