Activismo de Facebook

chica usando Facebook

No la molesten, está cambiando el mundo

Que la mayoría de los usuarios no sabe utilizar las redes sociales de manera responsable es algo más que evidente. Basta con ver la cantidad de usuarios de Facebook que suben fotografías tomadas en la discoteca, con signos evidentes de embriagues, por no hablar de esas imágenes absurdas con poses propias de un contorsionista enfrente de un espejo. Las fotos de adolescentes y no tan adolescentes con morritos merecen mención aparte.

No obstante, en esta entrada os voy a hablar de otro tipo de exhibicionismo, del “exhibicionismo de las ideas. Ese en el que los usuarios de Facebook usan esta red social para expresar de una manera u otra sus convicciones políticas o sus valores pensando, incautos, que con ello  van a contribuir a contruir un mundo mejor.

Imágenes impactantes. Escena típica: tienes un momento muerto, abres tu Facebook, echas un vistazo a las últimas actualizaciones de tus contactos y sucede la indigestión. Gracias a las redes sociales, el amarillismo se expande a todos los rincones del planeta a través de internet. Ver animales desnutridos o golpeados, imágenes de asesinatos o personas enfermas y otro tipo de lindezas no va a cambiar las opiniones de nadie ni va a hacer que nadie actúe.

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Recordad, todo lo que aparece en Internet no es cierto

Propagación de bulos. Facebook también se ha mostrado muy efectiva a la hora de propagar bulos (normalmente en forma de imagen) de todo tipo. Junto a estas líneas hay un ejemplo que durante unas semanas estuvo en nuestros Facebook dando guerra. ¿Por qué se propagan tan fácilmente este tipo de mentiras? Primero, porque la gente está indignada con la situación. Segundo, porque, por algún motivo, pensamos que “si alguien se ha molestado en poner este planteamiento en una imagen, ha de ser verdad”. Tercero, porque darle al botón de compartir es extremadamente fácil. Después vendrá cuando alguien estudie realmente los números y demuestre que el bulo era falso, en un artículo de los de verdad y no en una imagen para compartir en Facebook. Pero a eso ya se le da menos publicidad.

Soltar bilis por los dedos. En el actual clima de crispación, es normal encontrarse con “estados” de contactos en los que se despotrica contra todo. Antes de la crisis, la mayor parte de los españoles tenían la sensación de que nada de lo que hacían los políticos afectaba sus vidas. Ahora, con la palabra “recorte” en los telediarios día sí día también, esa percepción ha cambiado. Todos tenemos algún Ché Guevara de Facebook entre nuestros contactos, ese que escribe estados incendiarios pensando que por cada “Like” o comentario que consiga se está ganando un minipunto o punto hacia la consecución de ese cambio social o político que ansía.

Firma de peticiones. Es el último grito, por cortesía de la empresa con ánimo de lucro change.org. La firma de peticiones. Para quien no lo conozca, change.org es una web que conectada con Facebook, te permite iniciar o firmar peticiones para cambiar el mundo. Entre las “victorias” anunciadas en su web, se encuentran “La Noria se queda sin anunciantes” o “Colegio expedientado por discriminación”. Seamos serios. ¿Alguien realmente se cree que los que dirigen el cotarro se meten en esta web para ver cuáles son las peticiones del día? change.org es una empresa y, como tal, su fín es ganar dinero. ¿Qué se consigue al firmar una petición? Poco o nada. Más de un millón de españoles (2% de la población de este país) firmó una petición para que todo el gobierno actual dimitiera en bloque. Ni siquiera se debatió nada respecto a esto. En cambio, si eres uno de los que firmó esta u otra petición te invito a que hagas algo que cualquier profesional de Recursos Humanos hará el día que optes a un trabajo. Escribe tu nombre en Google y verás cómo tu nombre aparece ligado a la(s) petición(es) que has firmado. Lo del voto secreto es uno de los requisitos de la democracia, pero parece que somos capaces de renunciar a ello en las redes sociales en “votaciones” que ni siquiera sirven para nada. ¿Para nada? Bueno, sí, para que los de change.org sigan haciendo dinero.

Es importante plantearse las consecuencias de lo que se hace en las redes sociales y saber que poco se va a conseguir desde el teclado de un ordenador. Despotricar en Facebook no deja de ser una forma bastante inútil de canalizar la rabia que se siente hacia una situación que se piensa injusta. Como mucho, se conseguirá indigestar a los contactos con la foto de un cachorro destripado en una cuneta, que contribuyan a propagar el bulo que nosotros hemos propagado previamente, que firmen la inútil petición que nosotros hemos firmado o que comenten en nuestras imágenes o comentarios o incluso que los compartan. ¿Y después qué pasa?

Nada. El mundo está ahí fuera, no en las redes sociales ni en la pantalla de ningún ordenador.

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  1. Activismo de Facebook - 11 mayo, 2013

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