De compras en Brasil

bandera de brasilAntes de comenzar a escribir sobre el tema que hoy me ocupa, he de aclarar que el “ir de compras” me resulta tan atractivo como ver una competición de ajedrez por televisión. Esto es algo que quienes me conocen lo saben de sobras. No obstante, hay ocasiones en las que uno se ve en la obligación de hacer aquello que menos le gusta. En mi caso, que siempre he preferido ir A COMPRAR (esto es, ir a la tienda en cuestión sabiendo lo que uno necesita, verlo, probárselo y comprarlo), la última ocasión en la que me vi obligado a ir “de compras” fue en ese inmenso país sudamericano llamado Brasil.

Esta experiencia, que a la gente que tiene afición (o cierta tolerancia) a ir de compras le sirve para comparar precios y probarse ropa mientras se divierte (incomprensiblemente), a mí me sirvió para ver diferencias entre las tiendas y la manera de funcionar de estas en Brasil y en Europa (ya sea en España o en Irlanda).

Por si alguien piensa utilizar este artículo a modo de guía en una futura visita a Brasil, he de aclarar que las observaciones que expondré a continuación no se darán en cada una de las tiendas situadas en Brasil. Las tiendas que visité fueron establecimientos de una pequeña ciudad del estado de Minas Gerais, poblados por marcas de ropa destinadas a un público con un valor adquisitivo “medio-alto”.

Personal

Al entrar en las tiendas, lo primero que llama la atención es el elevado número de dependientas. En ocasiones, incluso, se puede ver a numerosas dependientas esperando en el interior de la tienda, con los brazos cruzados y sonriendo en dirección a la puerta, para saludar a quienes entran en la tienda. No pocas veces, me encontré en tiendas en las que en la relación dependientas/clientela, las primeras eran mayoría. En Europa, donde los salarios mínimos son más elevados que en Brasil, esta situación resulta impensable.

En lo referente al personal de las tiendas, no resulta menos llamativo el modo de tratar a las clientas y clientes:

– Hola, yo soy Fernanda. ¿Cómo te llamas?

– Juan.

– Encantada.

Las dependientas intentan crear un vínculo personal, casi de amistad. Cada vez que vayas a esa misma tienda, la “Fernanda” en cuestión será quien se encargue de ti. Pasas a ser “su cuenta” y las otras dependientas lo respetarán. Este vínculo de “amistad”, de confianza”, es el que les permite enseñar un vestido como “propuesta” a la chica que se está probando un pantalón, que es lo que realmente fue a comprar. Fernanda intentará conocer tus gustos y hacerte “propuestas” en consonancia.

Marcas

“Lança Perfume”, “Morena Rosa”, “Ellus”, “Forum”, “Individual”… ¿No las conoces? Eso significa que no has ido de tiendas en Brasil, donde estas marcas no son baratas, precisamente. Brasil es un país de medidas continentales, es el único país de habla portuguesa en Sudamérica. Además, cuenta con una cultura muy rica y con un innegable elemento cohesionador como es Globo, el omnipresente canal de televisión. Todo esto hace que los brasileños no estén realmente interesados en influencias de otros países (si bien es cierto que también hay prestigiosas marcas extranjeras, estas son minoría).

El inmenso mercado interior, unido al fuerte proteccionismo de la economía brasileña, con fuertes impuestos a la exportación, hace que estas marcas puedan existir sin necesidad de exportar a otros países, lo que hace que no sean en absoluto conocidas fuera de sus fronteras.

Precio

Una etiqueta nunca me pareció un elemento especialmente difícil de descifrar… hasta que fui a Brasil.

Al contemplar el precio de un producto, te puedes encontrar con que no tienes una, sino dos cantidades de “reais” que puedes pagar. Por una parte tienes el precio de “cartão”, el que pagarás en caso de que efectúes tu pago con tarjeta. Por otra parte, verás un precio algo inferior, el precio “a vista”, que es el precio que pagarás si efectúas tu pago en efectivo. Este concepto, que sólo había visto en la compra de billetes de avión en algunos portales de internet, sirve a las tiendas para pagar las comisiones que han de pagar a los bancos para poder recibir pagos por tarjeta. Realmente, es algo que me parece razonable. Lo normal es cobrar efectivo; ¿que no quieres llevar dinero encima? Perfecto, por ese servicio te cobramos un plus.

Un coche, una casa, un televisor de más de 40 pulgadas… ¿Qué tienen estos artículos en común? En mi opinión y entre otras cosas, que son artículos con un precio tal que se pueden (o se suelen) comprar a plazos. Pues bien, si estás en Brasil, puedes añadir a esta lista vestidos, camisas o faldas. Comprar a plazos (o “parcelado”) es lo más común en un país que tiene, incluso, seguros que los consumidores pueden pagar para que se hagan cargo de sus pagos pendientes en caso de una súbita insolvencia. Algo necesario para cubrirse ante el riesgo de una práctica tan peligrosa que podría dar origen a una espiral de impagados en caso de crisis y pérdidas de empleo (como ya sucedió en los Estados Unidos tras los “felices años 20”).

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